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PAC 134 – El laborioso despliegue de la Organización Mundial de la Salud La epidemia del Ébola en África occidental

Por Clément Paule
Traducción : Daniel Del Castillo

Passage au crible n° 134

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Source: Flickr CDC Global

El 14 de septiembre de 2015, las autoridades sanitarias de Sierra Leona anunciaron el deceso de una adolescente contaminada por el virus del Ébola, en la provincia septentrional de Bombali. Esta zona se destacaba por haberse mantenido protegida de la enfermedad desde hace seis meses. En efecto, el país esperaba alcanzar el objetivo de los cuarenta y dos días sin una nueva infección, lo que representa el doble de la duración máxima de incubación, y el fin de la transmisión. Esta reaparición nos recuerda el caso de Liberia, en el cual la fiebre hemorrágica resurgió a finales de 2015, ya sea un mes y medio después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara este Estado « Ebola-free ». Si bien la epidemia ha comenzado a disminuir desde el pico observado entre septiembre y diciembre de 2014, la situación no parece completamente bajo control ahora que se acerca el período de lluvias y que los financiamientos humanitarios se agotan. Al día de hoy, más de 28.000 casos – entre los cuales 11.300 son mortales – fueron censados; la mayoría de entre ellos se sitúan en África occidental. Recalquemos que este resultado sigue siendo sub-evaluado por la OMS, la cual retomó sus operaciones a partir de agosto de 2015. No obstante, esta institución había sido objeto con anterioridad de muchas críticas provenientes de Médicos Sin Fronteras (MSF), que denunció su actitud « irresponsable »; hasta el presidente el Banco Mundial quién lamentó un « penoso fracaso ».

Contexto histórico
Marco teórico
Análisis
Referencias

Contexto histórico
En primer lugar, mencionemos algunos elementos que permiten restituir la posición de administradora de los riesgos sanitarios asumida por la OMS después de su creación en 1948. A pesar del éxito obtenido contra la viruela en 1980, la erradicación del paludismo y las dificultades de adaptación de un actor que entonces era considerado como político y gastador, condujeron a su debilitamiento progresivo en los años venideros. Habría que esperar las reformas estructurales de la década de los noventa, en particular bajo la dirección del Doctor Brundtland (1998-2003), para asistir a la afirmación de su liderazgo frente a las epidemias del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS) en marzo de 2003, después de la gripa aviar de cepa H5N1. En esta ocasión, la OMS no dudó en entrar abiertamente en conflicto con el gobierno chino al que acusó de retener informaciones. Dotada de una nueva División de enfermedades transmisibles en 1996, y sobre todo del Global Outbreak Alert and Response Network (GOARN) desde el 2001, la institución sanitaria se apoya actualmente en la versión de 2005 del Reglamento Sanitario Internacional (RSI), el cual es un instrumento jurídico vinculante para los 196 Estados-partes. Su credibilidad se erosionó a pesar de esto, cuando sobrevino la pandemia viral de la gripa A H1N1 en 2009: la OMS fue criticada por su alarmismo que fue visto como injustificado, y sus expertos fueron incluso objeto de sospechas en cuanto a potenciales colusiones con la industria farmacéutica.
En este contexto, interviene la aparición en África occidental del virus del Ébola, identificado en marzo de 2014 en las zonas rurales de Guinea – Conakry. Alertada por MSF, la OMS parece minimizar la amenaza dejando entender que la propagación de la fiebre hemorrágica ya fue controlada. Después de una disminución engañosa a finales del mes de abril, la enfermedad progresa de nuevo, en mayo alcanza los espacios urbanos de Liberia y Sierra Leona, hasta llegar a Nigeria. Confrontada al aumento exponencial de la cantidad de víctimas, y a la impotencia de las autoridades locales, la organización al fin declara la Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII) el 08 de agosto: cuatro meses y medio después del comienzo de la epidemia. Esta decisión tardía interviene cuando se desarrolla un verdadero pánico moral, caracterizado por medidas discriminatorias contrarias al RSI, a manera de los cierres unilaterales de las fronteras y la suspensión de los vuelos aéreos. Tantos dispositivos que dificultan el despacho de la ayuda, al mismo tiempo que alimentan la ilusión de un probable confinamiento de la calamidad.

Marco teórico
1. El fracaso manifiesto de una gobernanza mundial de la salud. Puesta al margen del escenario internacional debido a su inercia, la OMS no logra garantizar su liderazgo en la gestión de crisis, desde que esta incumba a otros interventores.
2. Los desafíos estructurales de una reforma necesaria. Pasada la debacle del verano de 2014, la institución sanitaria se esfuerza por aprender las lecciones al redefinir su modo de funcionamiento y sus prioridades. Por ello, las debilidades observadas corresponden a diversas lógicas que conciernen el papel mismo de la organización.

Análisis
En un primer momento, la respuesta de urgencia es sobre todo incentivada por los operadores no gubernamentales – como MSF – conjuntamente con el personal nacional en salud. Rápidamente excedida por los acontecimientos, la oficina regional de la OMS para África se demora en reaccionar, y se le acusa incluso de complacer ciertos gobiernos que intentan minimizar la gravedad de la situación, con el fin de calmar a sus inversores mineros. Desprovista de una verdadera estrategia de comunicación, la organización internacional no consigue articular sus actividades con el sistema humanitario en conjunto, ni hacer respetar sus propias normas de frente a las reacciones desproporcionadas de ciertos Estados. Por esta razón, la nominación de un veterano de las crisis sanitarias como coordinador especial para el Sistema de las Naciones Unidas (SNU) desde el 12 de agosto pasado, augura la retoma de la situación en detrimento de la OMS. Un mes más tarde, la adopción por unanimidad de la Resolución 2177 por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, permite designar la epidemia como una amenaza para la seguridad internacional; al mismo tiempo que crea la United Nations Mission for Ebola Emergency Response (UNMEER). El establecimiento de esta estructura inédita, dirigida por expertos, parece constituir una desaprobación para la OMS que terminó relegada al segundo plano.
En octubre de 2014, esta última debe además hacer frente a la revelación en los medios del contenido de un memorando interno que incrimina las lentitudes de su movilización, la incompetencia de su equipo de trabajo y la politización de ciertas nominaciones. Revelados por la agencia Associated Press, otros documentos van enseguida a sugerir que la indecisión de la OMS estaría relacionada con el temor a las tensiones diplomáticas con los Estados afectados, teniendo en cuenta el impacto potencial de una actitud alarmista a nivel socio-económico. También hay que considerar la controversia precedente a propósito de la pandemia gripal H1N1. Esta contribuyó a que la dirección de la institución sanitaria se mostrara tan circunspecta. Bajo el fuego de las críticas, esta reacciona con una reunión extraordinaria en Ginebra el 25 de enero de 2015: si bien muchos interventores se quejaron de la lentitud y las fallas de la respuesta internacional, una resolución adoptada por unanimidad reafirma el papel de la OMS en la preparación y la gestión de este tipo de urgencia. Entre las medidas anunciadas, citemos la creación de un fondo específico de 100 millones de dólares, el despliegue de una « fuerza de reserva en salud pública mundial », o incluso el llamado a paneles de expertos independientes para evaluar las actividades llevadas a cabo. Publicado en julio de 2015, el reporte de estos últimos erige un inventario severo y aboga por una reforma profunda de los instrumentos y las normas en vigor.
Así las cosas, conviene recordar los límites que se imponen a la acción de la OMS, comenzando por aquellos de orden presupuestario. Dotada con cuatro mil millones de dólares para un programa de dos años, la institución se muestra desprovista de fondos en relación a los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) estadounidenses – cuyo presupuesto ascendió a 6,9 mil millones de dólares el mismo año – y a la Fundación Gates. Más allá de esto, estos fondos provienen sobre todo de contribuciones voluntarias estancadas desde la crisis financiera de 2008, relacionadas con un uso específico – earmarking – y en consecuencia, circunscriben desde el inicio la definición de las prioridades. Si bien el margen de maniobra restringido de la OMS también pudo ser atribuido a relaciones internas de poder, y al funcionamiento muy burocrático, ciertos autores sobrepasan estas explicaciones estructurales. Estos apuntan más bien al fracaso de la imaginación administrativa que manifiesta la organización internacional, la cual no supo concebir la amenaza como tal; ahora que el virus del Ébola ya había sido identificado y controlado en el pasado. De manera general, el desconocimiento recíproco de los interventores humanitarios y aquellos del sistema sanitario, demuestra la existencia de un desfase entre el liderazgo manifiesto de la OMS – que le confiere la apariencia de un actor operacional y supranacional – y su papel de agencia especializada en la asesoría y la coordinación. Esta diferencia mantiene un conjunto de percepciones erróneas respecto a la institución. Desde entonces, estas se vuelven la fuente de estigmas a veces injustificados, así como de expectativas frustradas. Más allá de una reforma normativa o financiera, el laborioso despliegue de la OMS implica desde ahora el precisar su identidad institucional heredada de una trayectoria compleja, que oscila entre la prescripción política y la experticia técnica.

Referencias

Guilbaud Auriane, Le Paludisme. La lutte mondiale contre un parasite résistant, Paris, L’Harmattan, 2008. Coll. Chaos International.
Lakoff Andrew, Collier Stephen J., Kelty Christopher (Éds.), « Issue Number Five: Ebola’s Ecologies », Limn, janv. 2015, consulté sur le site de Limn : http://www.limn.it [10 août 2015].
Paule Clément, « L’illusoire confinement d’une crise sanitaire. L’épidémie Ebola en Afrique de l’Ouest » in : Laroche Josepha (Éd.), Passage au crible de la scène mondiale. L’actualité internationale 2014, Paris, L’Harmattan, 2015, pp. 137-142. Coll. Chaos International.
Paule Clément, « Une remise en cause du savant et du politique. Dividendes et suspicions mondiales autour des politiques de vaccination », Passage au crible (12), 26 janv. 2010, consultable sur le site de Chaos International : http://www.chaos-international.org
Paule Clément, « Le traitement techniciste d’un fléau mondial. La troisième Journée mondiale du paludisme, 25 avril 2010 », in : Laroche Josepha (Éd.), Passage au crible de la scène mondiale. L’actualité internationale 2009-2010, Paris, L’Harmattan, 2011, pp. 129-134. Coll. Chaos International.
Rapport du panel d’experts indépendants intitulé « Report of the Ebola Interim Assessment Panel », publié le 7 juillet 2015 et consultable sur le site de l’OMS : http://www.who.int [15 août 2015].