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PAC 42 – Desasociar por la democracia, lo político de lo religioso El retiro del Dalaï-Lama

Por: Anaïs Henry

Traducción: Maricarmen Gonzalez Cisneros

Passage au crible n°42

El 10 de marzo del 2011, el décimo-cuarto Dalaï-Lama, Tenzin Gyatso, decidió ceder su poder político al Primer ministro del gobierno tibetano en exilio. Desde el 2 de abril, Lobsang Sangay ocupa el papel de líder de la comunidad tibetana. Esta decisión impacta la comunidad internacional pues desde hace casi catorce siglos los Dalaï-Lamas encarnaban un poder a la vez político y espiritual, particularmente frente a los 150 000 tibetanos en exilio, en el mundo entero.

Contexto histórico
Marco teórico
Análisis
Referencias

Contexto histórico

El Tibet conoció periodos diferentes de difusión del budismo desde el siglo VIII. Es hasta el siglo XVI en el que Sonam Gyatso, tercer padre del monasterio de guélougpa de Drépung, fue reconocido por la primera vez como Dalaï-Lama. Retrospectivamente, sus dos predecesores se volvieron primer y segundo Dalaï-Lama; todos desde entonces representando el sistema de reencarnaciones. Inicialmente solamente poseían el poder religioso y seguían encargándose de las cuatro ramas des budismo tibetano, es decir la de los Nigmapas, los Kagyupas, Sakyapas y los Guélougpas. Pero en 1642, “gracias al apoyo de los Mongoles, el quinto Dalaï-Lama unifica, […], un vasto territorio bajo la autoridad del gobierno eclesiástico nobiliario en Lhassa, le Ganden phodrang”. A partir de este momento, los Dalaï –Lamas vana a ejercer en el tibet un poder religioso y también político.

En 1949, Mao-Tse-Tung, habiendo terminado de formar la RPC (Republica Popular de China), ordena la invasión del Tibet. En 1950, Tezing Gyatso, con apenas 15 años de edad- accede al trono como Dalaï-Lama. A pesar de los esfuerzos de negociación con el gobierno chino, el 10 de marzo de 1959, se ve obligado a exiliarse en India. Desde esa fecha, numerosos fueron los tibetanos que se refugiaron en el extranjero. La mayoría de ellos se instaló en los países limítrofes (India, Nepal, Sikkim, Ladakh), pero también en Europa y en los países anglosajones. Desde sus primeros años, el Dalaï-Lama impuso las bases de un gobierno aspirando a la protección de su pueblo y de su cultura. Gracias a constitución que él mismo estableció, fue constituido en Dharamsala un gobierno en exilio dentro de un espíritu de democracia y respeto de los Derechos Humanos.

El Dalaï-Lama recibió varias recompensas por su combate a favor de la no-violencia, los Derechos humanos y la paz. A ese respecto, le fue otorgado el premio Nóbel de la Paz en 1989. Mas recientemente, el Congreso americano le otorgó una medalla de oro en octubre del 2007 por su compromiso a favor de la no-violencia.

Marco teórico

Retengamos dos líneas de fuerza:

1. El cumplimiento de un proceso de democratización. La decisión del Dalaï-Lama ilustra la tesis de Lawrence Whitehead. Según este último, después del final del mundo bipolar, estamos asistiendo en la escena internacional, a una normalización del proceso de democratización pasando por una elección libre de los dirigentes políticos.
2. Los juegos cruzados de calificación: Subrayemos la estrategia de marginalización de China sobre la escena internacional y su aspiración al premio Nóbel tibetano.

Análisis

Desde su entronización, el décimo-cuarto Dalaï-Lama deseó fuertemente un cambio democrático. Dentro de esta perspectiva, aún antes de exiliarse, modificó el sistema judicial e hizo que se terminara con la deuda hereditaria que sometía los paisanos a la aristocracia. Después de su viaje al extranjero, instauró instituciones garantes de la identidad tibetana y facilitó el surgimiento de un sistema democrático. En los anos 1980-1990, impulso la creación de oficinas en el país donde se encontraba implantada una comunidad importante de tibetanos. Es gracias a esta última acción que los tibetanos puedes votar por sus representantes. De esta manera, confiando el poder ejecutivo al Primer Ministro, el Dalaï-Lama termina un proceso de democratización que se encontraba ya en curso. Más recientemente, las poblaciones del mundo árabe se levantaron contra sus dirigentes para reclamar la democracia. Es importante remarcar que en esta situación, nos encontramos en otro tipo de configuración pues no fueron los tibetanos que pidieron a su líder de dejar el poder, sino todo lo contrario. No se trata del resultado de una directiva exterior. Se trata de una política paternalista y carismática de un hombre de setenta y cinco anos de edad quién estimo que el momento de autogobierno de su pueblo, había llegado. Además de esta consideración, tenemos que saber que el Dalaï-Lama igualmente fue objeto de desaprobación por parte de las autoridades chinas. Efectivamente, cuando cumple con una acción o se desplaza para cumplirla, las autoridades chinas lo denigran. Para estas ultimas, se trata de un monje vestido de paño, de un separatista, de un déspota, buscando mantener sus súbditos sujetos al esclavismo. Por otro lado, Mao-Tse-Tung había dado legitimidad a la invasión del Tibet, invocando la necesidad de liberarlo de un régimen teocrático. En el seno de esta operación se inscriben varios argumentos, una manipulación de la información con la cual se pretende la captación de la legitimidad internacional. Mientras tanto hoy, el responsable político del gobierno tibetano en exilio es un laico elegido por la mayoría de los tibetanos en exilio (55%) bajo sufragio universal. A este efecto, el gobierno chino no podrá mas utilizar en el futuro su repertorio de estigmatización hacia el nuevo dirigente. Finalmente, gracias al cambio obtenido y la devolución del poder ejecutivo, las criticas de China y los países que denunciaban el estatus del Dalaï-Lama por su mezcal de religioso con lo político, se vuelven irrelevantes.

Esta decisión se inscribe dentro del marco de un combate político que dura mas de sesenta años. Por la no-violencia, el pueblo tibetano muestra su deseo ardiente de una mejora de los Derechos Humanos en China y al respeto del derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos.

Referencias

Heath John, Tibet and China in the Twenty-first Century, Londres, Saqi, 2005.
Stil-Rever Sofia, Le Dalaï-Lama. Appel au monde, Paris, Seuil, 2011.
Travers Alice, « Chronologie de l’histoire du Tibet », Outre-Terre, (21), janv. 2009, pp. 109-128.
Withehead Laurence, « Entreprise de démocratisation : le rôle des acteurs externes », Critique internationale, (24), mars 2004, pp. 109-124.