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PAC 125 – El Mediterráneo, laboratorio de turbulencias migratorias Los naufragios de los inmigrantes

Por Catherine Wihtol de Wenden
Traducción: Daniel Del Castillo

Passage au crible n° 125

Sinking boat migrantsSources: Wikipedia

A finales del año 2014 y comienzos del 2015, fuimos testigos de nuevas catástrofes migratorias en el Mediterráneo. Dos buques de carga fletados por los barqueros, que los habían abandonado, fueron interceptados por los guardacostas italianos en el sur de la península. No obstante, en cada uno de ellos, se encontraban cerca de 500 solicitantes de asilo provenientes de Siria e Irak. Estos se suman a los 230 000 inmigrantes que cada año llegan a Europa por el Mediterráneo. Más recientemente, en febrero de 2015, tanto la desaparición de más de 300 personas como el deceso de otros 29 individuos a lo largo de las costas de Libia, nos recuerdan que nada ha cambiado desde el 2013. A principios de marzo, este país amenazó al gobierno italiano con enviarle embarcaciones de inmigrantes, si persistía en su proyecto de intervención militar contra el Estado Islámico. Estos datos coinciden con el fin del dispositivo Mare Nostrum, establecido por Italia entre los meses de noviembre de 2013 y 2014. Esta operación, destinada a socorrer a los inmigrantes naufragiados en el Mediterráneo, fue en efecto reemplazada a finales de 2014 por Tritón, una iniciativa de Frontex.

Contexto histórico
Marco teórico
Análisis
Referencias

Contexto histórico
Espacio tanto de confrontaciones como de diálogos entre las dos riberas, el Mediterráneo es, desde los años noventa, el punto de confrontación de las nuevas turbulencias migratorias que cuestionan la política europea establecida desde entonces. Las primeras corrientes irregulares de inmigrantes que suscitaron reacciones en la opinión, conciernen la llegada de albaneses en buques de carga obsoletos, tratando de alcanzar las costas italianas en 1991, luego de la caída de la cortina de hierro. Fueron seguidos por otros armazones cargados de solicitantes de asilo iraquíes, después de la primera y la segunda Guerras del Golfo. Se trataba entonces de corrientes mixtas. En otras palabras, los refugiados también venían a buscar trabajo. Estos se encontraban en aquel momento amontonados en grandes navíos usualmente fletados por los barqueros, ya que el acceso a Europa estaba bloqueado por el sistema Schengen de visas desde 1986.
Después, las llegadas clandestinas se asimilaron mucho a pequeñas empresas mafiosas. Estas concernieron especialmente a los jóvenes migrantes entre Marruecos y Gibraltar, el Senegal y las islas Canarias, y sobre todo entre Libia, Túnez y isla de Lampedusa, localizada a 130 kilómetros de las costas tunisinas y a 200 kilómetros de Sicilia. Otros lugares de tránsito – como Malta y Chipre – mezclaron turistas, solicitantes de asilo e indocumentados en búsqueda de empleo. Por otro lado, también fueron implicados la frontera del río Evros, entre Turquía y Grecia para los refugiados del Medio Oriente, y los enclaves españoles de Ceuta y Melilla en Marruecos. Los acuerdos bilaterales concluidos entre Senegal, Marruecos y España disminuyeron la cantidad de travesías por Gibraltar y las islas Canarias. Pero el paso por Lampedusa se agravó, por el hecho que Libia, Estado que hasta entonces cerraba sus fronteras en virtud de los acuerdos firmados con Italia y Francia, no controló más las corrientes migratorias en su territorio. En consecuencia, hasta un millón de inmigrantes podrían llegar de Libia a las costas italianas, declaró el director de la Agencia Frontex en marzo de 2015. En cuanto al Mediterráneo oriental, es presa de las llegadas de inmigrantes sirios a Turquía (1, 5 millón de personas), Jordanía (800 000 individuos) y el Líbano (1, 5 millón de inmigrantes). Frente a esta situación, luego de cada naufragio y el desembarco de los llamados “harragas” (o “los que queman las fronteras” entre el Magreb y Europa) y las familias de refugiados, las respuestas europeas se han limitado a reafirmar los subsidios a la Agencia Frontex, destinada a asumir la “repartición de la carga”.
Marco teórico
1. El migration gap. Esta cuestión fue analizada por Philip Martin y James Hollifield a propósito de los Estados Unidos y la paradoja del Estado liberal, que se ha vuelto un Estado de seguridad. En lo que a la región euro-mediterránea respecta, se trata de considerar la distancia que se profundiza entre, por un lado, los análisis convergentes de los expertos a favor de la inmigración como un factor esencial del desarrollo humano en la región. Y, por otro lado, considerar la política europea, transformada sobre todo por la presión ejercida por los Estados-Nación, víctimas del aumento en poder de la extrema derecha y un enfoque de seguridad para el análisis del fenómeno de la inmigración. Pero esta política reviste un costo humano, financiero y diplomático bastante alto. Particularmente, esta va en contra de las necesidades económicas y demográficas europeas, que exigen más bien una decisión racional respecto a las entradas voluntarias; así como un respeto de los Derechos Humanos para las migraciones forzadas (refugiados) y las garantías de los derechos de estas poblaciones (agrupamiento familiar, menores sin acompañamiento).
2. Los procedimientos de control fronterizo y su competencia. El primer procedimiento, el mecanismo europeo, resulta de un empilamiento de dispositivos establecidos desde la instauración, en 1985, del sistema Schengen. Las corrientes migratorias afectan especialmente a los países europeos del sur, en contraste con la indiferencia y el déficit de solidaridad de los países del norte. Esta diferencia ocasionó divergencias entre los países europeos sobre la manera como los países del sur administran la inmigración clandestina, los cuales se encuentran solos frente a la explosión de los arribos; si bien la mayoría de las personas en situación irregular entraron de forma legal, prolongando su estadía. El segundo sistema de control, caracterizado por una reacción de soberanía con respecto al collar de hierro europeo, consiste en suscribir acuerdos bilaterales con los países de la ribera sur del Mediterráneo: los países europeos firmaron por ejemplo más de 300 tratados de readmisión en el mundo, únicamente en lo corrido del año 2015. Por su parte, Francia ha confirmado unos quince de estos, al igual que Italia y España. Estos textos ratifican el compromiso de los países de la costa sur – que se han vuelto frecuentemente también países tanto de inmigración como de tránsito – a readmitir en su territorio a los emigrantes, o a reenviarlos a sus países de origen en la África subshariana. Esto a cambio de permisos de permanencia para los más calificados, así como de políticas de desarrollo. Ciertos países, como Libia en los tiempos del coronel Gadafi, conscientes del papel de cerrojo que podían jugar para los países europeos costeros, hicieron de esto una diplomacia de las migraciones. Sin embargo, la crisis libia y el drama sirio trastornaron este dispositivo, provocando la salida de 4 millones de refugiados, un récord en la región, sobrepasado únicamente por los palestinos y los afganos.

Análisis
Entre los países mediterráneos, Italia sigue siendo aquel que más claramente ha reaccionado frente la tragedia que ha hecho de este espacio marítimo un inmenso cementerio, así como un desafío para la seguridad mundial. La frontera europea entre las dos costas del Mediterráneo, este mar “en medio de las tierras”, siempre ha sido una zona de tránsito. Pero, a falta de visas, su travesía se ha vuelto hoy en día altamente peligrosa para la gran mayoría de inmigrantes ilegales. También representa una zona activa en la cual las redes criminales explotan la desesperación de los jóvenes en la costa sur, víctimas del desempleo masivo y la falta de futuro. Esta situación se muestra de forma cada vez más preocupante, en tanto que las opiniones tienen dificultad en distinguir la inmigración del terrorismo. Sin contar que se han encerrado en una óptica nacional y territorial del control de las fronteras.
La esencia de la inmigración resulta de las crisis que desestabilizan a la región; los sirios y los eritreos representan por ejemplo la mitad de las personas que llegaron a Italia, en dónde Mare Nostrum salvó 170 000 personas del periplo de la travesía del Mediterráneo. No obstante, con Tritón, el salvamento ya no es considerado como una prioridad. Es lo mismo que afirmar que Europa no logra adoptar una política común en la materia. Entretanto, su responsabilidad en las muertes se revela como una contradicción total en relación a su perspectiva humanitaria para con los países del sur, y sus declaraciones en materia de respeto de los Derechos Humanos. Además, ¿cómo podría Europa buscar imponerse en la competencia internacional, si se encierra en una fortaleza con población envejecida? ¿Cómo podría ser tenida en cuenta en el escenario mundial, si se rehúsa a considerar a las migraciones como una prioridad diplomática?

Referencias
Wihtol de Wenden Catherine, Faut-il ouvrir les frontières ? Paris, Presses de Sciences-Po, 2014.
Wihtol de Wenden Catherine, Pour accompagner les migrations en Méditerranée, Paris, L’Harmattan, 2013.