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PAC 131 – Un banco multilateral entre cooperación y depredación La firma de los estatutos del BAII

Por Justin Chiu
Traducción : Ulises Aquino

Passage au crible n° 131

Asian Infrastructure Investment BankSource: Jason Lee / Reuters pour Le Monde

El 29 de junio de 2015, se celebró en Pekín la ceremonia de firma de los estatutos del BAII (Banco Asiático de Inversión en Infraestructura). Reuniendo a 57 países de todo el mundo, este nuevo banco multilateral estará dotado de 100 mil millones de dólares de los cuales 30% provienen de China. Considerado como un éxito diplomático, la creación del BAII marca un giro decisivo para el Estado chino en las finanzas mundiales.

Contexto histórico
Marco teórico
Análisis
Referencias

Contexto histórico
En septiembre de 2013, seis meses después de la toma de poder, el presidente chino Xi Jinping presentó su estrategia global en materia de economía y de comercio, llamada La Nueva Ruta de la seda. A fin de asegurar el acceso a las materias primas y de racionar la exportación de mercancías, la prioridad está entonces enfocada sobre reforzar las redes de transporte – terrestres y marítimos – y de comunicación entre Pekín y sus aliados en Asia y Europa. Así, según el BAD (Banco Asiático de Desarrollo), se necesitan 800 mil millones de dólares por año para sostener la construcción de infraestructuras en Asia. Pero el Banco Mundial y el BAD no pueden financiar más de 20 mil millones de dólares. De hecho, el proyecto del BAII develado en 2013, constituye una maniobra política y responde ante todo a una necesidad económica.
Desde su ingreso a la OMC (Organización Mundial del Comercio) en 2001, China ha multiplicado sus intercambios comerciales y sobretodo su excedente comercial (382,460 millones de dólares en 2014). En marzo 2015, las reservas de cambio de Pekín se acumularon y elevaron a 3,370,000 millones de dólares. Principal poseedor de la deuda pública estadounidense con 1,277,000 millones de dólares en bonos del tesoro (julio 2013), China invierte actualmente también en la deuda europea a través del MES (Mecanismo Europeo de Estabilidad). Sin embargo
Sin embargo, para diversificar las inversiones y consolidar la asociación con los países del Sur, ha creado múltiples organismos transnacionales, por ejemplo el Fondo de Desarrollo China-África (2006). Esta voluntad de exportar más capitales que productos manufactureros se ha expresado también por el establecimiento actual del BAII en Pekín y del Banco de Desarrollo de los BRICS en Shanghái. Por otra parte, el rol del Eximbank y del CDB (China Development Bank) se reforzó por proyectos bilaterales. A este respecto, Pekín prestó 73,000 millones de dólares a sus aliados de América Latina en el periodo 2005-2011, contra 53,000 millones para el Banco Mundial.

Marco teórico
1. La ofensiva transnacional de un Competition State. Según Philip Cerny, el Competition State ha sustituido gradualmente al Estado de Bienestar a fin de responder a las necesidades de una competencia globalizada. En efecto, en el proceso de elaboración de las políticas, el Estado se ve actualmente obligado a encontrar una coherencia entre exigencias domésticas y objetivos transnacionales. A través de la transnacionalización de las actividades, las redes y las estrategias, el actor estatal puede obtener mejores beneficios de la globalización y preservar los intereses de grupos privados. Así, contrariamente a la tesis del retroceso del Estado de Susan Strange, Cerny constata que en algunas áreas económico-financieras, el poder estatal multiplica en ocasiones sus intervenciones.
2. La financiarización de las relaciones de dominación. En Philosophie de l’argent, Simmel demuestra el rol determinante de la economía financiera en la densificación de los intercambios. De hecho, con dinero, la acción abstracta entre individuos o grupos sociales se vuelve medible y concreta. Los intercambios monetarios refuerzan entonces la interdependencia y las relaciones de dominación. A este respecto, el detentor del capital detenta el poder de imponer sus condiciones y de otorgarse privilegios. De tal manera, el vector monetario se vuelve sinónimo de poder.

Análisis
Rica en recursos naturales y mineros, China sin embargo sigue siendo el primer importador mundial. A fin de asegurarse el abastecimiento de hidrocarburos, se implica en la construcción de infraestructura en África (Angola, Nigeria, y los dos Sudán), en Asia Central (Kazajistán, Turkmenistán y Uzbekistán) , pero también más recientemente en Pakistán, con un basto programa de inversiones de 46,000 millones de dólares. Tratándose del desarrollo de los sectores energéticos y de redes de transporte, el BAII tiene como objetivo consolidar los esfuerzos ya iniciados por el gobierno de Pekín.
Curiosamente, las firmas chinas serían las primeras beneficiarias de las inversiones del BAII. De hecho, los grupos petroleros – CNOOC (China National Offshore Oil Corporation) y Sinopec (China Petroleum and Chemical Corporation) -, las grandes sociedades de construcción – CSCEC (China State Construction Engineering Corp) – y los proveedores de telecomunicaciones Huawei y ZTE han adquirido experiencia conjuntamente en ese tipo de trabajos complejos vinculando energía y redes de transporte. Apoyadas por los grandes bancos chinos, se encuentran en posición de responder a las licitaciones gracias a tarifas muy competitivas. Están considerando los beneficios adicionales a largo plazo. Además, poseedor del 30% de las acciones y detentando el 26% del derecho de voto, Pekín podría hacer valer sus decisiones en ese nuevo mecanismo financiero. Dicho de otra maneta, por esta exportación de capitales, el Estado Chino busca apoyar la internacionalización de sus empresas.
A pesar de la presión ejercida por Washington sobre sus aliados occidentales y la desconfianza de Tokio, Pekín ha ganado un juego de fuerza diplomático. De hecho, después de la demanda de adhesión del Reino Unido presentada en marzo de 2015, Alemania, Francia, Italia, España y doce países europeos más hicieron también llegar sus demandas. Actores regionales, Brasil, Egipto y Sudáfrica son de igual manera miembros fundadores del nuevo banco. Aunque la participación de países no asiáticos está limitada al 25% del capital, lo esencial, para esos Estados, consiste en no estar excluidos. Sobre todo porque los beneficios económicos parecen significativos. Además, para definir el ámbito de gobernanza del BAII y evaluar la viabilidad de los trabajos, China necesita conocimiento financiero especializado del exterior.
Anticipando la dinámica de crecimiento en Asia, el establecimiento del BAII produce un efecto multiplicador. El BAD – del cual Japón representa el mayor contribuidor – prometió aumentar sus fondos propios, los cuales pasarán de 18 a 53 mil millones de dólares en 2017. La magnitud de los trabajos podría ser medida por los flujos de capitales. Finalmente, gracias a la creación de este banco multilateral, el Estado chino trata de abrir mercados no explotados y poner en evidencia su incontestable liderazgo en Asia.

Referencias
Cabestan Jean-Pierre, La Politique internationale de la Chine, Paris, Presses de Science Po, 2010.
Cerny Philip G., Rethinking World Politics: A Theory of Transnational Pluralism, New York, Oxford University Press, 2010.
Meyer Claude, La Chine, banquier du monde, Paris, Fayard, 2014.
Meyer Claude, « Le succès éclatant, mais ambigu, de la Banque asiatique d’investissement pour les infrastructures », Le Monde, 1er juillet 2015, disponible à l’adresse :
http://www.lemonde.fr/idees/article/2015/07/01/le-succes-eclatant-mais-ambigu-de-la-banque-asiatique-d-investissement-pour-les-infrastructures_4665869_3232.html
Simmel Georg, Philosophie de l’argent, [1900], trad., Paris, PUF, 2009.
Site officiel de la BAII : http://www.aiibank.org/